13/07/2026
Nuevas notificaciones del norte y el centro del país junto con la previsión climática configuran un escenario de riesgo, que puso en alerta de las autoridades
En la sala de situación de enfermedades transmitidas por mosquitos del Ministerio de Salud de la Nación, hay una tendencia en los datos asociados con el dengue que están siguiendo con atención desde hace varias semanas y por las que buscan intensificar medidas de preparación para los próximos meses.
Tiene que ver no solo con un repunte en la notificación de posibles casos a mediados del mes pasado –un momento del año en el que, por el comienzo del frío, no se esperaban–, sino también con una previsión climática favorable para la presencia del mosquito vector Aedes aegypti todo el año.
“Si bien la temporada 2025-2026 se mantuvo en un escenario de bajo riesgo con respecto al dengue, la presencia del mosquito vector en países limítrofes que ocasionó un brote de chikungunya en la provincia de Salta y otras jurisdicciones del país, junto con los factores climáticos vinculados al fenómeno El Niño, hacen necesario continuar con estas acciones de prevención”, señalaron desde la cartera sanitaria nacional. Ambas enfermedades comparten el A. aegypti como el vector viral.
Las temporadas para las enfermedades transmitidas por mosquitos van, epidemiológicamente, de julio a julio de cada año. En la que va cerrando (2025-2026), suman 2819 los casos de fiebre chikungunya confirmados y probables entre 12.928 notificados en los últimos 11 meses, comparado con solo 69 de dengue entre más de 27.363 notificados con síntomas de sospecha. El 55% de los afectados había contraído la infección donde reside, trabaja o hace sus actividades habituales (casos autóctonos).
Pero a mediados del mes pasado, y con esa “baja circulación” de dengue en el país que se venía reiterando oficialmente, hubo un repunte en la notificación de casos sospechosos en el sistema nacional de vigilancia sanitaria. Eran unos 206 con diagnóstico por confirmar, mientras se acumulaban otros 335 probables, sin contar los ya confirmados. Salud informó que correspondían, sobre todo, a residentes de Buenos Aires, Córdoba, Ciudad de Buenos Aires, Tucumán y Santa Fe.
Mientras que podían tratarse de casos que se estaban cargando con retraso, algo que todavía sigue siendo común en los datos sanitarios del país, se mantenían en varios distritos temperaturas cálidas para la época del año, favorables para el ciclo de vida del Aedes aegypti.
“En este contexto, es fundamental mejorar la calidad de la vigilancia epidemiológica [con] la toma de segundas muestras y completando los estudios diagnósticos en los casos probables para confirmar o descartar dengue de manera adecuada”, pidió el Ministerio de Salud a las jurisdicciones los primeros días de este mes.
en esa cartera actualizaron que el escenario sobre el que trabaja el área de Epidemiología es que el mosquito vector va a mantenerse presente durante todo el año por las temperaturas y el efecto de El Niño. “Ante esto, hay que intensificar los planes para la erradicación del vector”, indicaron este domingo.
Es que el mosquito puede criarse en los lugares menos pensados, desde la descarga del aire acondicionado, un portamaceta o el florero improvisado con una planta para enraizar hasta cubiertas acumuladas o abandonadas, las rejillas, las canaletas, las sillas del jardín que no se limpian seguido, el agua que se acumuló con la lluvia en una piscina, el marco de una ventana o las irregularidades del revestimiento de un techo.
Los barriles de las obras en construcción o en la vía pública, los tanques de agua sin tapa o los depósitos de agua de lluvia, los recipientes que se usan para regar plantas, las fuentes ornamentales, los bebederos para animales sin recambio de agua seguido, las piletas o los baldes, frascos o botellas que se acumulan en el fondo o el balcón y el material descartado o de rezago también son lugares atractivos, urbanos, con agua sin movimiento, para que las hembras de A. aegypti depositen sus huevos, que pueden llegar a completar su desarrollo en una semana (eclosionan en larvas, se convierten en pupas y, finalmente, en adulto para volar) cuando el ambiente y la temperatura les son favorables.
Terminada la epidemia de dengue del verano-otoño de 2015-2016, un relevamiento en áreas urbanas permitió conocer que el 75% de los reservorios que se mantenían eran macetas, floreros, botellas, ornamentos, bebederos de animales, tanques, canaletas, charcos, huertas, toldos, vidrios rotos sobre muros o bateas de gomerías. Antes de que terminara la epidemia de 2019-2020, los lugares más comunes de barrios del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA) donde el Grupo de Estudio de Mosquitos (GEM) de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires encontró larvas y pupas de mosquitos fueron baldes, neumáticos, bidones de agua, elementos de cocina, floreros, recipientes varios, tanques, macetas, bebederos, botellas, juguetes y piletas.
Eso en lo que tiene que ver con el ámbito de acción privado, principalmente, para la eliminación de potenciales criaderos. En lo que respecta a la responsabilidad estatal para la prevención, siete son los ambientes en los que recaería, como había relevado el GEM: los espacios con acumulación de chatarra en áreas urbanizadas (vehículos abandonados o playones oficiales); los obradores; los barriles en obras viales, la acumulación de cubiertas usadas, los tanques suplementarios y las cisternas que quedan sin uso en barrios con interrupciones del suministro del agua corriente; los basurales a cielo abierto, los floreros de los cementerios, los predios de los hospitales y los establecimientos educativos.