26/02/2026
Su vida estuvo marcada por el caso desde entonces. Sufrió, se rompió y se reconstruyó. Pero no olvidó
Tenía cinco años cuando mataron a su madre. Su vida estuvo marcada por el caso desde entonces. Sufrió, se rompió y se reconstruyó. Pero no olvidó. Leticia Nieva hoy es una mujer profesional que recuerda y pide respuestas.
Hace 20 años, sin ambages, le dijeron que su mamá, Paulina Lebbos, no iba a volver. Desde entonces lucha por su identidad y por qué la Justicia le conteste lo que se pregunta todos los días: ¿Quién? ¿Por qué? Pero no sólo por ella, sino por todas las víctimas de violencia de género, y por las criaturas que, como ella, quedan solas.
Leticia dio una entrevista al diario La Gaceta desde Río Negro, donde eligió vivir junto a quien también eligió como su nueva madre. Su voz y su testimonio son fundamentales para entender un poco más de una causa que lleva ya dos décadas de impunidad.
-¿Qué te acordás de ese 26 de febrero?
-Estábamos en la casa, en la casa en la que vivía mi abuela, mis tías y vivía también mi mamá en ese momento. Cuando desapareció, los recuerdos que tengo en realidad fueron que me fui a la casa de una prima porque como en la casa estaban todo el tiempo los medios de comunicación, había pericias, policías; entonces como que me resguardaron bastante mi familia. Pero cuando apareció el cuerpo, lo primero que hicieron fue decirme la verdad. Yo como era una niña... eh... un poco no les creía. Pensaba que iba a volver, que ella estaba en ese momento con mi papá o con alguien más, o sea, que ella iba a volver en algún momento hasta que me lo dijo mi abuela. Tengo ese recuerdo, sí lo tengo muy vívido, de estar en la habitación, que entren mis tías, algunas llorando, y que me diga mi abuela y que me asienta con la cabeza como diciéndome: “Es verdad lo que te estamos diciendo, no va a volver”. Era totalmente real. Y ese recuerdo lo tengo muy, muy marcado, en el que como caigo en situación de que era real. Y yo entendía muy bien qué era la muerte. Mi abuela, muy pedagoga, quien estaba enferma y postrada en cama cuando yo nací. Ella ya me hablaba de la muerte porque pensaba que iba a vivir su muerte primero. Entonces me explicaba de la finitud de la humanidad de algún modo. Así que yo sabía muy bien ya a los cinco años lo que eso significaba.
-Y de tu mamá, ¿qué recordás?
-Tengo pocos recuerdos, la verdad, porque creo que la situación tan traumática ha hecho que, y al mismo tiempo ser tan pequeña, que borre mucho de los recuerdos. Mis recuerdos se recopilan más por fotos que fui encontrando, por escritos que también fui encontrando de ella. Entonces, un poco ahí reconstruye lo que era para mí mi mamá. Tengo recuerdos de que me llevaba a la facultad de Filosofía y Letras, de cómo yo jugaba todo el tiempo ahí. Algunos recuerdos en el parque. Mis tías me contaban que yo jugaba mucho con ella, bailábamos, jugábamos; yo siempre muy artista -al día de hoy ha sido mi profesión- y ella ahí desde el primer momento jugando conmigo. Nos gustaba mucho comer comida chatarra y compartir. Pero muchos recuerdos quedaron difusos por el hecho más traumático. Hay muchas cosas que simplemente son fotos e imágenes y que intento recordar de esa manera, pero era muy apegada a mi mamá, estaba todo el tiempo con ella.
-¿Cómo fue tu vida a partir de la muerte de Paulina?
-Al año siguiente fallece mi abuela y para mí ahí también fue un punto de quiebre. Se quiebra completamente toda la familia, lo que quedaba de la familia y un poco ahí quedo con mis tías en la casa y mucho de lo que yo me iba enterando. Yo desde el primer momento fui a psicólogos. Siempre tuve acompañamiento de algún psicólogo quien también me ayudaba un poco a reconstruir la historia, pero a su vez yo mientras más grande me iba haciendo, más era la curiosidad de entender. Yo mucho leía en los diarios, abría cajones, intentaba leer, encontraba algunas declaraciones y mientras más grande me iba haciendo, más comprendía lo cruel y atroz que había sido el caso y a la vez, mientras más grande me iba haciendo, más parecida me hacía a Paulina. Y eso también me ha sido muy complejo porque de algún modo en mi cerebro se había configurado de que a mí me podía pasar lo mismo o o yo me veía reflejada en ella de tal manera que comprendía lo duro que había sido. Y a la vez los medios que todo el tiempo hablaban de su cuerpo, de lo ultrajado que había quedado, de la cabellera desprendida. Yo tengo los mismos rulos que mi mamá. Entonces me era, me fue muy difícil este todo el proceso porque prácticamente era una espectadora como cualquier otra, pero a la vez siendo totalmente víctima dentro de la situación. Me fue muy difícil judicialmente entender también, porque era un caso largo, complejo, con muchísimas hipótesis, que tuvo sus momentos de diferentes fiscales. Entonces, a mí me costó muchísimo comprender la causa y hasta el día de hoy lo que más me recorre y lo que más me angustia es el saber qué pasó, el porqué a ella más que nada. Si existe algún modo de justicia para mí es saber qué pasó. Sabemos que las pruebas se borraron, que hubo maniobras de encubrimiento y funcionaron muy bien.
Hubo un momento en tu vida en el que diste un vuelco completo y hasta elegiste una nueva mamá.
-Sí. Desde chiquita yo fui criada por gente grande. En terapia también fui encontrando esto de que toda la vida buscaba una figura materna o alguien que completara eso. Durante la primaria, durante el jardín, después en la secundaria.
En la adolescencia tuve muchas crisis. Me sentía muy sola, muy angustiada, tuve ataques de ansiedad, ataques de pánico, me autolesionaba, viví situaciones muy, muy difíciles, propias de la adolescencia también y propias de comprender, como te decía, la crueldad.
El caso de mi mamá, lo que más me ha hecho ver es la crueldad hacia las mujeres, la crueldad y lo atroz que puede ser el mundo. Y eso me tenía también muy sola y muy preocupada y por supuesto sola, porque la familia también habrá estado en su propio proceso y duelo eterno, porque para muchos es así, un duelo que no termina más hasta que no haya justicia. Intenté recopilar y manejarme en otro lugar. Y tuve el acompañamiento de casi la mayoría de mis docentes en la secundaria. Yo pasaba muchas horas en la escuela, fui abanderada, era muy aplicada.
A su vez también pasaba muchas horas en el estudio de danza, haciendo danza clásica y danza contemporánea. Entonces, siempre estuve muy acompañada de los de los adultos que se daban cuenta de que yo a veces no comía o estaba teniendo comportamientos que no estaban buenos o estaba muy angustiada; o salía algo en las noticias y yo quedaba muy afectada.
Entonces, bueno, a partir de eso conozco a distintas docentes que me acompañaron y una de ellas es el día de hoy mi mamá adoptiva, quien me acogió desde la mejor manera que para mí fue escucharme. Yo tenía mucho que decir y que hablar y bueno... ella lo primero que hizo fue escucharme y darme ese lugar. Poder expresarme. Así que es desde ahí que la conozco, que empezamos a forjar una relación y un vínculo.
-Todo esto te llevó además a ser una luchadora por los derechos de las mujeres…
-Algo que rescato de toda esta causa es que siempre estuve rodeada de mujeres. Mi abuela, mis tías en algún momento, mis docentes en las escuelas. Siempre estuve rodeada de mujeres quienes también me hacían ver que quienes sufríamos y quienes veíamos la violencia muy de cerca en todos los ámbitos de nuestra vida éramos nosotras. Y hoy viviendo un vaciamiento también en relación a las cuestiones de género y los femicidios.
El hecho de que estoy hablando hoy acá es importante por todas estas causas que quedan y todo lo que lo que el Estado también desampara, como nosotros los hijos que quedamos sin madres y que muchas veces también quedamos sin padre, porque por supuesto se sabe que la violencia está generalmente intrínsecamente dentro del núcleo familiar.
Entonces, muchas veces quienes ejercen la primera violencia son los padres o las parejas de estas mujeres. El caso de Paulina no es la excepción. Entonces, siento que es muy importante hablar y seguir hablando del caso y a la vez también dar visibilidad a otros casos.
-Pudiste tener una presencia activa en el caso a partir de tu mayoría de edad, y fuiste querellante durante el juicio contra Carlos Albaca. ¿Cómo viviste ese proceso?
-Fue muy importante tener el acompañamiento de (la abogada) Soledad Deza, y de toda la fundación de Mujeres por Mujeres. Cuando yo me acerco a charlar con ellas en primera instancia fue por el cambio de apellido.
Llevar el apellido Lebbos en Tucumán tenía un peso muy, muy grande. Así que Soledad me acompañó desde ese lugar primero y luego a la vez, justo cumpliendo la mayoría de edad, agarró la querella de la causa Albaca. Me ayudó sobre todo a comprender la importancia de que el Estado se haga responsable. A mí me dejaba muy tranquila también que Soledad sea quien lleve a cabo este juicio, porque es fiel defensora de las mujeres.
Confiaba plenamente en que ella iba a poder dar la cara frente a unas circunstancias tan grandes en una causa en la que un fiscal manipuló, quien dijo tantas barbaridades al día de hoy pueda estar cumpliendo una pena. Siento que eso no se hubiese dado si no hubiese conocido a la fundación y a Soledad.
-Imagino que aún hoy te preguntás qué pasó…
- Lamentablemente está a la vista de todos los tucumanos que las maniobras de encubrimiento fueron brutales. Todo lo que hicieron y todas las personas que durante estos juicios también fueron condenadas habla de la gran maniobra de encubrimiento de que están protegiendo a alguien muy importante. Eso está para mí clarísimo. A su vez es muy difícil, sobre todo a la justicia, comprobar qué es lo que pasó. Pero a la vez también la justicia se basa en pruebas y lo que más hicieron fue borrar esas pruebas, ultrajar el cuerpo y una maniobra muy grande de encubrimiento. Entonces, para mí eso es lo más doloroso, ¿No? Comprender que la Justicia falló, el Estado falló y no acompañó y no estuvo para hacer lo que debería hacer, que es acercarse a la verdad. Siento que es importante que el Estado esté y la Justicia siga buscando a los culpables. Sé que César Soto, quien era mi papá, está pronto a ser judicializado, igual que (Sergio) Kaleñuk. Me parece fundamental que ellos también den la cara y puedan dar su versión. Ojalá que así sea, que no mientan y que puedan decir a quiénes están encubriendo. Siento que es un entramado muy complejo. Por mi bienestar también intento tener mi propio relato de los hechos. Ojalá que en algún momento alguien se quiebre y pueda decir la verdad, más que nada por una tranquilidad que todos necesitamos.
-En este caso, Leticia, no sólo te arrancaron a tu mamá, sino que además tu papá es uno de los principales acusados por el homicidio…
-Sí, sobre todo lo que yo decía que igual esto pasa en muchos casos de femicidios. Que los principales agresores son las personas más cercanas a las víctimas. Yo he encontrado cartas de mi mamá hacia él con verdadero entusiasmo y ganas de que él sea un padre presente, de que él esté para mí. Ella de verdad lo amaba y confiaba en él. Es muy doloroso y algo que por ahí como que no se termina de comprender, como yo decía, de la crueldad de las personas. Cómo pueden durante tantos años dormir tranquilos, cómo pueden andar tranquilos por la vida sabiendo o habiendo estado. Porque yo estoy convencida de que él algo sabe, de que él estuvo involucrado de alguna manera. A la vez también no creo que sea el principal, porque semejante maniobra de encubrimiento… a alguien más están protegiendo, alguien con mucho poder. Es muy doloroso y es muy desgarrador, como entender lo cruel que es el mundo con nosotras las mujeres. Esto para para mí es de por vida, o sea, yo ya estoy marcada por esta historia, y por las otras historias que también me atraviesan de otras mujeres. De por vida yo voy a estar atravesada por el crimen, por las mentiras, por el encubrimiento y por un montón de cosas que hacen que yo nunca pueda vivir del todo tranquila y estar bien, por más que me aleje o que intente.
-¿Qué representa para vos la figura de Alberto Lebbos en todo esto?
-Al día de hoy no tengo mucha comunicación y vínculo con él. Siento que sí es una figura que hizo muy mediático el caso y que lamentablemente el día de hoy si los casos no se mediatizan y no están los periodistas como ustedes atrás de esto, a veces quedan en el olvido y necesitan de la presión y de que el público comprenda y que acompañe a casos tan complejos y que como vemos duran muchos años y procesos largos. Así que bueno, en ese en ese sentido él ha sido el que ha estado ahí. Pero el día de hoy yo no tengo mucho vínculo ni hablo con él, así que no sé mucho más que eso.
Cambio de apellido
-¿Cómo reconstruiste tu vida?
-Al día de hoy este estoy viviendo en Río Negro. Me fui hace seis años de la provincia. Me logré cambiar el apellido, sobre todo primero para reconocer a mi mamá adoptiva como mi mamá y segundo para poder un poco construir mi nueva vida, sin esta marca tan profunda y sin que sea lo primero que la gente vea en mí. Acá la verdad que me pude rehacer. Estudié dos carreras. Soy profesora universitaria en danza clásica y profesora universitaria en danza contemporánea. Ahora me inscribí para estudiar psicología. Me gusta mucho estudiar desde que soy muy, muy chiquita y para mí es un orgullo poder haber construido y estar construyendo mi propia historia, mis propios relatos en otra provincia con mis propias amistades, con gente que me quiere un montón, con mi mamá, quien también merece este reconocimiento. Fue muy duro para ella y toda su familia, porque no es sencillo decir y acceder a alguien como yo, que estaba también sufriendo un montón. Así que por suerte siempre ella estuvo conmigo también reconstruyendo a esa niña que por ahí no tuvo ningún acompañamiento ni ninguna figura.
-¿Pudiste ver el mural de tu mamá en la facultad de Filosofía y Letras?
-Para mí fue un golpe increíble. La primera vez que también fui a una marcha y escuché al unísono el nombre de Paulina presente, fue algo muy conmocionante, que conmueve y que acompaña. Es como el verdadero abrazo y reconocimiento de que no se va a olvidar el caso. Para mí es fundamental que no se olvide, que la gente lo tenga muy presente. Ha cambiado la vida de muchas personas en Tucumán. Sin ir más lejos, algo que no mencioné, pero que me parece también de alguna manera algo del destino o lo que cada uno crea extraño es que quien es hoy mi mamá era compañera de Paulina en la primaria y tenemos un recuerdo con ella cuando egresan, que le dejó marcada la mano Paulina y le puso “Te dejo mi mano para cuando la necesites”. Cuando yo me enteré de esto después de un tiempo, dije, bueno, Paulina fue muy importante igual para muchas personas, evidentemente antes y lo sigue siendo el día de hoy para seguir fortaleciéndose, estando en las luchas y estudiando como ella, que era una gran estudiosa. Yo cuando cumplí la edad de ella, hace dos años, también me costó muchísimo y fue un golpe muy duro porque dije, claro, yo también estoy estudiando, recién estoy entrando en esta juventud; ella era madre, tenía muchos sueños y muchos anhelos y cosas que ni siquiera la dejaron soñar ni hacer. Entonces me parece muy importante que quienes están en la facultad la tengan presente. Yo intento tener presente eso de ella y mantenerme firme y estudiosa como era ella.
¿Qué creés que puede llegar a pasar en el próximo juicio?
- Para mí es importante lo que ellos tengan para decir. Después la justicia determinará qué tipo de condena, pero para mí es importante que ellos digan la verdad, digan los hechos, dejen de encubrir y de mentir. Por supuesto que todo lo que la Justicia determine para mí va a estar bien, pero a su vez siento que es algo que no sé si va a tener del todo una respuesta, Ojalá nadie se olvide del caso, que no se olviden de lo que pasó para que no repitamos las situaciones de encubrimiento, que no haya más casos en los que haya tanta maniobra de encubrimiento y de mentiras. Así que yo espero que ellos puedan decir la verdad. En lo que a mí respecta, ni siquiera me parece sanador, sino que me parece justo. Me parece lo más justo no sólo conmigo, sino con todos los que estamos atrás del caso. Fuente: (La Gaceta)