12/03/2026
Los estudios confirmaron que los restos biológicos encontrados en la víctima pertenecen al principal acusado, descartando la presencia de terceros en el momento del crimen
Las pericias genéticas realizadas en el marco de la investigación por el crimen de Érika Antonella Álvarez terminaron de complicar la situación procesal de Felipe “El Militar” Sosa. Los estudios revelaron la presencia de su ADN en el cuerpo de la joven, lo que confirmaría prácticamente que fue la única persona que estuvo con la víctima al momento del hecho.
La cronología del caso marca que en la madrugada del 7 de enero, Érika ingresó a la casa del acusado, ubicada en Santo Domingo al 1.100 (Yerba Buena). No se supo nada más de ella hasta el jueves 8 de enero, cuando su cuerpo fue hallado sin vida en un descampado de Manantial Sur.
Esta era la evidencia científica que necesitaba el fiscal Pedro Gallo para terminar de encaminar la investigación. Si bien se sabía que la víctima había concurrido a la casa del imputado, restaba determinar si habían participado otras personas en ese encuentro, ya que era común que Sosa organizara tríos sexuales.
Signos de defensa y el alivio para Gordillo
Según fuentes judiciales, del cuerpo de la víctima se extrajeron muestras de la boca, de las partes íntimas y de debajo de las uñas. Esas pruebas fueron comparadas con los perfiles genéticos de Sosa y de su pareja, la funcionaria judicial Justina Gordillo.
El resultado fue contundente: sólo se encontró el perfil genético de Sosa debajo de las uñas de la joven, un claro indicio de que Érika intentó defenderse del ataque mortal.
Esta pericia tira por tierra la estrategia de la defensa anterior del “Militar” (a cargo de Marcelo Consiansi), que intentaba plantear la muerte como una "situación trágica" derivada del consumo de drogas y no como un crimen. Ahora, los próximos pasos legales quedarán en manos de Gustavo López Peña, el tercer abogado que asume la defensa del acusado.
Por el contrario, el análisis genético favoreció a Justina Gordillo. Sus defensores, Florencia Abdala y Camilo Atim, utilizarán esta prueba para sostener que su asistida no estuvo en la vivienda al momento del crimen ni participó de un trío sexual (práctica que, si bien surgió en las pericias telefónicas de la pareja, no constituye delito).
El rol de los encubridores y los testimonios clave
La situación de los otros dos imputados, Jorge “Chicho” Díaz (empleado de confianza de Sosa) y Nicolás Navarro Flores (amigo del acusado), es diferente. Ambos están acusados de encubrimiento, ya que habrían participado luego del asesinato: Díaz habría colaborado para limpiar la escena del crimen, mientras que Navarro Flores habría ayudado a deshacerse del cuerpo.
El manto de silencio en la causa comenzó a romperse y se esperan días decisivos:
Cambio de carátula: ¿prisión perpetua?
Más allá de las especulaciones sobre lo que dirán los encubridores, el fiscal Gallo ya pidió una nueva audiencia para modificar la acusación contra el “Militar” Sosa.
Hasta el momento, solo estaba imputado por homicidio, pero con las contundentes evidencias recolectadas, la fiscalía podría aplicarle el agravante de femicidio, un delito que contempla la pena de prisión perpetua. Todo indica que también se endurecería la acusación contra los otros tres imputados para frenar los pedidos de libertad que vienen presentando sus defensores. (fuente: Los Primeros)