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10/06/2026

Pakistan rompió el alto el fuego y volvió a bombardear Afganistán

Los ataques en Kunar, Paktika y Khost causaron la muerte de 11 niños y dos adultos. Estos son los enfrentamientos más serios que se han dado desde el pacto de no agresión firmado en Urumqi con mediación china

La cifra de víctimas ilustra una constante siniestra del conflicto: ambas partes presentan recuentos radicalmente distintos. Kabul documenta civiles; Islamabad contabiliza combatientes. La realidad suele quedar sepultada entre versiones oficiales de dos gobiernos en guerra abierta a lo largo de los 2.600 kilómetros de frontera compartida.

El número de víctimas muestra una tendencia sombría en el conflicto: las cifras reportadas por ambos lados son completamente diferentes. Kabul registra civiles; Islamabad, en cambio, lleva un conteo de combatientes. A menudo, la realidad se encuentra oculta entre las versiones oficiales de dos gobiernos que están en conflicto abierto a lo largo de los 2.600 kilómetros de frontera común.

En Khost, cientos de personas asistieron a los funerales de nueve víctimas, según AP. Siete eran niños de entre 3 y 15 años; los otros dos, una mujer y un hombre. Todos pertenecían a la misma familia y murieron cuando su vivienda se derrumbó por el impacto del bombardeo. “En la familia de mi tío solo sobrevivieron dos de sus hijas. El resto fue martirizado”, declaró un familiar identificado como Talib Gul. Un segundo ataque destruyó otra casa de la misma familia y mató al ganado, pilar de la economía rural.

La cancillería afgana convocó al encargado de negocios pakistaní en Kabul para protestar por la “violación del espacio aéreo afgano y el bombardeo de hogares de civiles inocentes”, según declaró el portavoz adjunto Zia Ahmad Takal, e instó a Islamabad a “buscar una solución de fondo a sus problemas internos”. El ministro de Información pakistaní, Attaullah Tarar, respondió en X que los ataques destruyeron un centro de entrenamiento, un refugio, un depósito de municiones y una instalación de comandantes, y prometió que la campaña antiterrorista continuará “a pleno ritmo”.

Un ataque de supuestos miembros del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP) contra un puesto en la provincia noroccidental de Khyber Pakhtunkhwa, que dejó seis muertos entre los integrantes de la Constabularia Federal, ocurrió el día previo a los bombardeos. El TTP es un grupo diferente al Talibán afgano, aunque sea su aliado; este último asumió el poder en 2021 después de la salida de las fuerzas estadounidenses. Kabul rechaza ofrecer refugio al grupo y afirma que es un asunto interno de Pakistán.

Las relaciones se deterioraron más rápidamente en octubre de 2025, cuando comenzaron una serie de ataques por parte de Pakistán que mantienen la frontera cerrada y obstaculizan el comercio bilateral. Islamabad proclamó estar en "guerra abierta" en febrero del año 2026. En marzo ocurrió el momento más crítico: en Kabul, un bombardeo destruyó un centro de rehabilitación de drogodependientes; el gobierno talibán registró más de 400 fallecidos, una cifra que Pakistán rebatió.

En el mes de abril, China intervino y reunió a las dos delegaciones en Urumqi. Después de siete días, Beijing comunicó que las partes decidieron no intensificar el conflicto y buscar una solución completa. La ONU reportó que los enfrentamientos han causado que 94.000 personas se vean desplazadas y que otras 100.000 no tengan acceso en distritos fronterizos. Los ataques del miércoles evidencian que ese compromiso no duró más de dos meses.

El Talibán afgano ha replicado históricamente con asaltos a los puestos militares de Pakistán en las horas o días posteriores, mientras Islamabad sostiene que sus operaciones seguirán hasta erradicar los refugios terroristas. La cuestión ya no es si habrá represalias, sino si la delicada estructura diplomática de Urumqi será capaz de soportar un nuevo ciclo de violencia.