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16/11/2022

La historia de la “mamá vengadora” que mató frente al juez al violador y asesino de su hija de 7 años

En marzo de 1981, Marianne Bachmeier atravesó los controles de seguridad del tribunal, entró en la sala y se ubicó a espaldas del acusado de violar y matar a su hija. Desde allí le disparó siete veces antes de que los guardias pudieran detenerla

El asesinato de Anna

El 5 de mayo de 1980 Anna Bachmeier se despertó de mal humor y discutió con su madre porque no quería ir a la escuela. Al principio Marianne quiso obligarla, pero al final aflojó y la dejó salir a jugar.

Lo que no sabía Marianne era que Anna quería faltar a las clases porque tenía un plan preciso: ir a la casa del carnicero Klaus Grabowski, que le había prometido que la dejaría jugar con sus gatos, una tentación irresistible para una nena de 7 años que no tenía mascotas en su hogar.

Lo que no sabía la pequeña Anna es que el carnicero de su barrio también tenía un plan preciso para ella: secuestrarla, violarla y asesinarla.

En Lübeck tampoco nadie sabía que Grabowski era un delincuente sexual convicto y que había sido cumplido una pena de cárcel por el abuso sexual de dos niñas. Que en 1976 se había sometido a una castración química pero que después, para revertirla, hizo un tratamiento hormonal.

No se sabe si en la casa del carnicero, Anna alcanzó a jugar con los gatos. Sí se pudo probar, en cambio, que Grabowski la retuvo durante horas, la violó varias veces y al final la estranguló hasta matarla.

Un año de espera

Se suele decir que la venganza es un plato que se sirve frío. Es imposible saber si Marianne conocía el dicho o si lo pensaba así. Lo único cierto es que tuvo que esperar más de un año para concretar la suya.

Durante ese tiempo, sin que nadie cercano lo supiera, consiguió una pistola Beretta M1934 y aprendió a utilizarla. No le alcanzaba con que Grabowski fuera condenado en un juicio.

El viernes 6 llegó un poco más tarde que los dos días anteriores y pasó los controles de seguridad sin que nadie la revisara. Era difícil para los guardias molestar a una madre destrozada a la que todo el mundo compadecía. Nadie sospechó que podía cargar un arma en el bolsillo derecho de su impermeable blanco.

Marianne entró en la sala de audiencias cuando Grabowski ya estaba sentado en el banquillo de los acusados. Caminó rígida y sin expresión hasta ponerse detrás de él y gatilló.

Segundos después, con el carnicero violador muerto en el piso, su venganza estaba consumada. Lo único que lamentó – y lo dijo – fue no poder dispararle de frente, para que le viera la cara.

Finalmente, en 1983 fue condenada a seis años de prisión, pero solo cumplió tres. Una encuesta del Instituto Allensbach realizada después de conocerse la sentencia dio como resultado que 28% consideraba que la pena de seis años era justa, otro 27% la calificaba de excesiva y el 25% de demasiado leve.

Al salir de la cárcel, Marianne emigró a Nigeria y se casó con un profesor alemán. En 1990 se divorció y se radicó en Sicilia para finalmente regresar a Lübeck.

Allí, en 1994, dio su primera y única entrevista, donde confesó que le había disparado a Grabowski después de pensarlo bien y para evitar que siguiera diciendo que su hija habían intentado seducirlo y extorsionarlo.

Cuando le preguntaron qué diferencia había entre ella, que también había matado, y el asesino de su hija, contestó:

“Creo que hay una gran diferencia si mato a un niño y luego tengo miedo de ir a la cárcel de por vida. Lo mismo ocurre con la forma en que me coloco detrás de una niña y la estrangulo, que se desprende literalmente de su declaración: ‘Sentí que algo salía de su nariz, estaba obsesionada, luego no pude soportar más la visión de su cuerpo’”.

Marianne Bachmeier murió de cáncer en el hospital de Lübeck el 17 de septiembre de 1996. Su tumba está junto a la de Anne en el cementerio de la ciudad. Fuente: (Infobae)