28/01/2026
El Gobierno enfrenta la disyuntiva entre recomponer la recaudación fiscal o seguir amortiguando los precios en el surtidor, tras años de postergaciones que generaron un fuerte atraso impositivo
Si no media una nueva decisión oficial de último momento, el precio de los combustibles volverá a ajustarse en los próximos días como consecuencia de la actualización pendiente de los impuestos específicos. En ese escenario, la nafta registraría un aumento cercano al 7 por ciento, mientras que el gasoil subiría alrededor del 2 por ciento, con impacto directo en los valores finales al consumidor.
Los impuestos a los combustibles líquidos se consolidaron en los últimos años como una herramienta de contención inflacionaria. Sin embargo, ese rol tuvo un costo elevado: la pérdida sostenida de recursos fiscales para el Estado nacional. La postergación del traslado a los surtidores del Impuesto a los Combustibles Líquidos y del Impuesto al Dióxido de Carbono se transformó en una constante desde 2018, atravesando distintas administraciones y contextos económicos.
Lo que hoy se encuentra pendiente de actualización no es menor. Aún resta trasladar el componente inflacionario correspondiente al último trimestre de 2024 y a los trimestres primero, segundo y tercero de 2025. Es decir, casi un año completo de ajustes que, por decisión política, no impactaron en el precio final de los combustibles.
Durante todo 2025, el Poder Ejecutivo dictó mes a mes decretos de postergación parcial de estos incrementos. La lista es extensa y refleja la sistematicidad de la medida: decretos 51/2025, 146/2025, 243/2025, 296/2025, 368/2025, 441/2025, 522/2025, 617/2025, 699/2025, 782/2025, 840/2025 y 929/2025. En todos los casos, el objetivo fue evitar un impacto pleno en los surtidores en un contexto de desaceleración inflacionaria.
No obstante, los ajustes correspondientes a ambos tributos vienen creciendo por encima de la inflación mensual, como consecuencia del significativo atraso acumulado desde 2018. Esa brecha permite entender por qué, aun con una inflación más contenida, el efecto impositivo sigue siendo relevante cuando se decide avanzar con la actualización.
Tomando como referencia los precios vigentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el impacto sería dispar según el tipo de combustible. En el caso de la nafta, el incremento representa un aumento aproximado de 113 pesos por litro. Para el gasoil, en cambio, la suba sería más moderada: alrededor de unos 32 pesos por litro.
Esta diferencia no es casual. Según advierten especialistas del sector, el ritmo de actualización impositiva fue más intenso en el gasoil que en la nafta durante los últimos años. Como resultado, el gasoil se encuentra hoy mucho más cerca de converger con los valores de impuestos ajustados por inflación, mientras que la nafta aún arrastra un atraso mayor.