05/01/2026
Una caída adicional del barril de petróleo, que ya cotizaba abajo de USD 60, es negativa para la generación de dólares e inversiones en el país
La captura de Nicolás Maduro reavivó el debate sobre el futuro del petróleo venezolano. Especialistas consultados coinciden en que, pese al impacto político, no se esperan efectos inmediatos sobre el precio de las naftas y el gasoil en la Argentina.
La sorpresiva detención de Nicolás Maduro en Venezuela, ejecutada por fuerzas especiales de Estados Unidos bajo órdenes del presidente Donald Trump, sacudió el tablero geopolítico y volvió a poner el foco sobre uno de los activos energéticos más codiciados del planeta.
Tras ser trasladado a un penal federal en Brooklyn y a la espera de declarar ante un tribunal de Manhattan por cargos vinculados al narcotráfico y el tráfico de armas, el futuro político del país caribeño quedó envuelto en una fuerte incertidumbre.
En paralelo, Trump afirmó que Estados Unidos avanzará en el control de las vastas reservas petroleras venezolanas y convocará a empresas norteamericanas para invertir miles de millones de dólares en la reconstrucción de una industria devastada por años de desinversión y sanciones.
Venezuela concentra alrededor de 303.000 millones de barriles de crudo —casi una quinta parte de las reservas globales— según datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos. Ese volumen, que durante décadas sostuvo la centralidad del país en el mercado energético, contrasta hoy con una producción que ronda los 900.000 barriles diarios, muy lejos de los niveles históricos. La pregunta que surge de inmediato es si el nuevo escenario político puede alterar el precio del petróleo y, por arrastre, los valores que pagan los consumidores en los surtidores argentinos.
LA SITUACIÓN DE LA PETROLERA VENEZOLANA EN ARGENTINA
El escenario actual contrasta de manera abrupta con las ambiciones que Venezuela supo proyectar en la Argentina a comienzos de los años 2000. El 11 de febrero de 2005, Hugo Chávez inauguraba uno de los surtidores de la flamante Estación de Servicio PDVSA–ENARSA, cargándole nafta al Chevrolet de 1939 con el que Juan Manuel Fangio había disputado la histórica carrera Buenos Aires–Caracas en 1948. Aquella imagen buscaba simbolizar el inicio de una alianza energética regional destinada a ganar escala, integración y autosuficiencia.
“Vamos a seguir abriendo estaciones y vamos a comenzar a perforar pozos petroleros para que en el futuro Argentina no tenga que importar petróleo; es el comienzo de la apertura de otras 600 previstas”, anunciaba por entonces el ministro de Infraestructura, Julio de Vido. El proyecto contemplaba incluso la adquisición de la red local de Shell. Frente a la negativa de la petrolera, PDVSA avanzó sobre Sol Petróleo, propiedad de la uruguaya ANCAP, y tras quedarse con su paquete accionario dio origen a PDV Sur.
La muerte de Chávez y la posterior llegada de Nicolás Maduro marcaron un punto de quiebre. A partir de entonces, la compañía comenzó a acumular errores de gestión, falta de inversión y crecientes dificultades financieras que derivaron en un deterioro progresivo de su operación en el país.
En la actualidad, las actividades de PDVSA Argentina se encuentran prácticamente paralizadas.
Las Estaciones de Servicio que la empresa mantiene en su haber llevan años fuera de funcionamiento y, en muchos casos, exhiben un notorio estado de abandono.
A este cuadro se suma la pérdida de la concesión de la planta de almacenamiento de Dock Sud, un golpe determinante para cualquier intento de sostener una operatoria logística mínima.
En paralelo, fuentes del sector señalan que las embarcaciones fluviales de Fluvialba, que operaban en la Hidrovía Paraná Paraguay, presentan un avanzado nivel de obsolescencia.
La combinación de sanciones económicas, falta de liquidez y ausencia de inversiones terminó dejando a gran parte de la flota fuera de servicio y selló, en los hechos, el repliegue de PDVSA del mercado local.