07/10/2026
El porcentaje asciende al 63% entre las mujeres y alcanza al 65% en los sectores de menores ingresos, en un escenario marcado por una creciente presión sobre las finanzas de los hogares
Casi 6 de cada 10 argentinos, el 58%, tomaron un préstamo, utilizaron crédito o financiaron gastos durante los últimos meses, de acuerdo con el nuevo informe de Pensar Argentina.
El porcentaje asciende al 63% entre las mujeres y alcanza al 65% en los sectores de menores ingresos, en un escenario marcado por una creciente presión sobre las finanzas de los hogares.
La situación presenta diferencias según la actividad laboral. A partir de datos del INDEC, el informe señala que el 30% de los hogares vinculados al servicio doméstico debió recurrir a familiares o amigos para pedir dinero. Le siguen los trabajadores de hoteles y restaurantes, con el 25%, mientras que industria, comercio y enseñanza registran un 18% cada uno.
Pensar vincula esta mayor necesidad de recurrir a préstamos informales con la incidencia de la informalidad laboral y la inestabilidad de los ingresos. El fenómeno se desarrolla, además, en un contexto de deterioro del crédito familiar: la irregularidad bancaria de las familias llegó al 12,9% en julio de 2026, frente al 5,6% registrado un año antes.
En paralelo, el 54% de los consultados afirmó haberse atrasado o haber dejado de pagar alguna obligación por motivos económicos durante los últimos meses. El informe aclara que este indicador y la irregularidad bancaria miden fenómenos diferentes, por lo que el dato no permite afirmar que más de la mitad de los argentinos se encuentre en mora bancaria.
Los jóvenes aparecen entre los grupos más afectados. Entre quienes tienen crédito, el 37% de los deudores de entre 18 y 25 años y el mismo porcentaje de aquellos de 26 a 35 años registraban mora. La proporción disminuye progresivamente con la edad hasta alcanzar el 16% entre las personas mayores de 66 años.
También se observa una diferencia en el uso del financiamiento según el género. Mientras el promedio general se ubica en el 58%, entre las mujeres alcanza el 63%. Pensar señala que el resultado permite observar las restricciones económicas que atraviesan los hogares, aunque advierte que el dato, por sí solo, no permite concluir que las mujeres tengan un peor desempeño financiero.
El destino del crédito también refleja la presión sobre los gastos corrientes. El 26% de quienes recurrieron a financiamiento lo utilizó principalmente para comprar alimentos, mientras que el 21% lo destinó a cubrir gastos cotidianos del hogar y el 15% a pagar servicios, impuestos u otras obligaciones. Otro 14% utilizó el crédito para cancelar deudas anteriores.
La dificultad para cumplir con los pagos se profundiza entre los sectores de menores ingresos. Los atrasos declarados alcanzan al 72% en ese segmento, frente al 43% en los sectores medios y al 30% en los altos. Entre quienes se atrasaron o dejaron de pagar, los servicios concentran el 46% de las menciones, seguidos por las tarjetas de crédito, con el 36%, y los préstamos o deudas, con el 33%.
Mora Jozami, directora de Casa Tres, sostuvo que la mora puede convertirse en uno de los puntos donde la situación macroeconómica impacta directamente sobre la vida cotidiana. En ese sentido, planteó que la baja de la inflación no resulta suficiente cuando los ingresos no alcanzan, el consumo se restringe y los hogares deben recurrir al crédito para sostener gastos corrientes.
El deterioro se concentra especialmente en las modalidades de crédito destinadas al consumo. Los préstamos personales presentan una irregularidad del 16,7% y las tarjetas de crédito del 12,8%, mientras que los préstamos prendarios registran un 8,1% y los hipotecarios apenas un 1,6%. Aunque la mora temprana bajó del 6,6% en noviembre de 2025 al 4,4% en julio de 2026, la irregularidad bancaria de las familias permanecía en el máximo de la serie iniciada en 2010.
Frente a este escenario, Pensar plantea que la recuperación del crédito debería estar acompañada por ingresos sostenibles, mecanismos de prevención del sobreendeudamiento, mayor transparencia y herramientas de regularización.
El desafío, según el informe, consiste en que la estabilización macroeconómica se traduzca en una mayor capacidad de pago de los hogares y permita que el crédito vuelva a funcionar como una herramienta para ampliar oportunidades, en lugar de convertirse en un recurso necesario para afrontar los gastos del mes.